INFO
“El agua está como un plato.”
Una frase suspendida en la memoria colectiva, capaz de convocar, con su sola pronunciación, la promesa de una tarde compartida. Evoca el rumor leve del verano, la quietud del agua, la risa expandida en el tiempo, compartida con amigos y familiares. Es, en esencia, una invitación a la libertad: un espacio sin normas donde el cuerpo y el paisaje se reconocen sin mediación.
En el corazon de la Alameda, el terreno se pliega con discrección completando geométricamente el parque. Un plato que observa, se aproxima e insinúa un diálogo con los cursos de agua que serpentean el parque. Un espacio quieto pero vibrante, conocido, pero por descubrir, donde lo inesperado se transforma en oportunidad.
Este objeto encontrado, promete subsanar una promesa no cumplida, acercar la naturaleza existente en el parque y la laguna a los visitantes que lo transitan. Los cursos de agua, actualmente entendidos como barrera, se convierten en el telón de fondo de una performance lúdica con la que se relacionan de forma paisajística, sensorial y material.
La ausencia de transiciones arquitectónicas entre lo vegetal y lo acuático genera una discontinuidad que el usuario resuelve de manera espontánea, apropiándose de la topografía para descansar, jugar, oberservar desde la distancia o reunirse. Esta actual ocupación informal revela tanto el deseo de habitar como la carencia de una estructura que ordene y dignifique el lugar, una estructura que reduzca la transición entre lo natural y su experiencia real.
El proyecto propone, en este contexto, una plaza inclinada. Un gesto geométrico que completa el parque y, al mismo tiempo, introduce una nueva narrativa. Una superficie que se eleva para mirar y ser mirada, que articula recorridos, concentra actividad y establece una relación directa con el agua. El plato no solo organiza: formaliza lo que ya ocurre. Reconoce la apropiación existente y la transforma en arquitectura, dotando al espacio de nuevas posibilidades y significados.
Más que definirse, el proyecto se sustantiviza: es auditorio, laguna, parque, descanso, estudio, juego… Es un sistema abierto de condiciones más que una forma cerrada.
En medio de la Alameda, aparece un plato; democratizador, experiencial, que genera centralidad, que invita a descubrir, que se transforma, y que transforma lo circundante.
Un espacio que se toca, que reune, que se celebra, que se vive.
El plato decide posarse en un espacio entre árboles, un espacio de contacto y relación entre lo urbano y lo natural. Este, se situa mirando a la Avenida Gran Colombia, una invitación a los transehuntes y locales, usuarios de los centros educativos, hospitalarios y de trabajo.
Ante la rigidez de los espacios e hitos duros del parque, se propone la articulación de un recorrido lúdico que tenga como nuevo centro esta zona de reflexión, ahora formalizada.